Estrella de Diego: Travesías por la incertidumbre

Hay que tratar de explicar el mundo, traducirlo. Es necesario querer habitar esa frontera en la cual los lenguajes hablados a un lado y al otro sean comprensibles a ambos lados. Ocupar la franja movediza -- ni dentro ni fuera --, para la cual Occidente está mal pertrechado; una franja tan fina, que basta un paso en falso y la vida se transforma para siempre. Ése es el lugar que se llama y podría no llamarse hielo, pasado, memoria, muerte, piel, máscara... Es el lugar que los Pende reconocen sólo con verlo y que saben cómo nombrar -- o, mejor aún, que aceptan como un lugar sin nombre. Porque siendo dos cosas no es ninguna y es aquello que perturba los planes de orden, pese a jugar a satisfacerlos. Ése es el lugar en el cual se debería aspirar a vivir, aunque duela; ese lugar que no siendo dentro tampoco es fuera; que no representando al espíritu, lo representa; que no es mar ni es tierra; ni es antes ni es después. Ese lugar, en suma, para el cual no hay nombre, sino aproximaciones al nombrar.


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