Estrella de Diego: Travesías por la incertidumbre

Si los viajes no son nunca como los soñamos, las vueltas tampoco llenan nuestras expectativas: salir o llegar son ficciones, actos compulsivos, territorios de la paradoja. El puerto de salida y el puerto de llegada decepcionan con frecuencia, simbolizan la insatisfacción moderna de no poder vivir al fin en sitio alguno, vivir a cada instante con el alma perdida en las antípodas del lugar donde nos hallamos. La «casa», el supuesto territorio de la pertenencia, es tan inconcreta como el puerto de llegada y a menudo diferente de la que habitamos. Más aún: el «deseo de habitar» reenvía a un umbral que no somos siquiera capaces de reproducir en la memoria, a un lugar quimérico que jamás vimos y que nunca llegaremos a ver, una diluida reminiscencia de lugar.


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