
Nausicaa del Valle del Viento (1984, 116 min.)

Laputa, el Castillo en el Aire (1986, 124 min.)

Mi Vecino Totoro (1988, 86 min.)

Nicky, la Aprendiz de Bruja (1989, 102 min.)

Porco Rosso (1992, 93 min.)

La Princesa Mononoke (1997, 133 min.)

HAYAO MIYAZAKI, UN GENIO DE LA ANIMACION
En la industria japonesa del dibujo animado (anime) hay tres nombres que destacan por derecho propio sobre todos los demás: Tezuka Osamu (el "dios del manga" y creador de la primera serie japonesa de animación), Katsuhiro Otomo (autor de Akira), y Hayao Miyazaki. Este último es, además, el cineasta japonés más importante de los últimos quince años (honor compartido, recientemente, con Takeshi Kitano), aunque todavía no sea demasiado conocido fuera de su país. Sus películas, con un estilo propio e inconfundible, han sido recibidas sin excepción con rotundos éxitos de crítica y público.
Nacido en Tokyo el 5 de Enero de 1941, Miyazaki comenzó a trabajar en 1963 para Toei Animation, el mayor estudio de animación en Asia. Allí conoció a Isao Takahata, con quien estableció una fructífera relación profesional que todavía dura. En 1971, Miyazaki y Takahata abandonan Toei y se unen a A-Pro, una nueva productora. Más tarde, en 1973, ambos pasan a trabajar para Zuiyo Pictures, donde colaboran en series conocidas en España como Alps no Shoujo Heidi (Heidi, 1974), Flanders no Inu (El Perro de Flandes, 1975) o Akage no Ann (Ana de las Tejas Verdes, 1979). Miyazaki dirige su primera serie de televisión, Mirai Shonen Konan (Conan, el Niño del Futuro) en 1978, y su primer largometraje, Lupin Sansei -- Cagliostro no Shiro (Lupin III -- El Castillo de Cagliostro) en 1979, utilizando un personaje muy popular en el manga y anime japoneses.
La película que realmente convirtió a Miyazaki en una celebridad fue Kaze no Tani no Nausicaa (Nausicaa del Valle del Viento, 1984), dirigida por él y producida por Takahata. El éxito de la cinta les llevó a fundar un nuevo estudio de animación, Studio Ghibli, que con los años se ha convertido en una de las pocas productoras de dibujos animados capaces de competir con Walt Disney (en Japón, las películas del Studio Ghibli han batido una y otra vez a las de Disney en número de espectadores).
Tanto Miyazaki como Takahata tienen su propio estilo gráfico y su forma de caracterizar sus personajes. En general, podría decirse que las películas de Takahata son más realistas y contemporáneas, mientras que Miyazaki utiliza la fantasía como herramienta para transmitir, en ocasiones, alegorías socio-políticas con especial énfasis en la ecología. Esto no impide que se pueda hablar de un "estilo Ghibli" que impregna todas las películas del estudio.
Entre las influencias de Miyazaki, los críticos han citado, entre otros, a los directores Mizoguchi y Kurosawa, los pintores del "mundo flotante" Utamaru y Hokusai, los escritores Tolkien, Verne, Asimov, Aldiss y Le Guin, o los directores de animación Lev Atmov, Paul Grimault, Yuri Norstein y Frederic Back. Lo que realmente caracteriza a Miyazaki es la meticulosidad de sus historias, su atención al detalle, su perspectiva individualista y la gran diversidad de los temas y escenarios; también, en algunos casos, su forma de integrar símbolos o referencias apocalípticas en sus historias. Sus películas son tremendamente originales, pero de una manera muy japonesa: diferentes culturas y estilos artísticos coexisten en una mezcla aparentemente anacrónica pero que se corresponde perfectamente con la inestabilidad y la multiplicidad del Japón actual. Así, por ejemplo, la ciudad donde transcurre Nicky, la Aprendiz de Bruja es una extraña mezcla de arquitecturas italianas y escandinavas con un toque de San Francisco, con hornos microondas en las casas y coches de los años 30 en las calles. Sin embargo, los personajes y los detalles componen un mundo que es coherente en sí mismo. Miyazaki conforma los escenarios de sus películas mezclando realidad y fantasía, sin diferenciar presente, pasado y futuro, y creando mundos que sólo pueden existir en la forma de dibujo animado.
Los "actores" de las películas de Miyazaki son, casi exclusivamente, niños o adolescentes, y el protagonista central es casi siempre una chica. Visualmente, sus personajes responden a las convenciones de la mayoría de los anime (ojos grandes, labios muy finos, aspecto más europeo que asiático), pero son más complejos y menos estilizados. Un caso particularmente interesante es el de sus heroínas: Externamente son las típicas "niñas monas" que aparecen tanto en los anime como en las películas de Disney, pero el guión se encarga de desmentir las apariencias. En realidad, se trata de chicas con gran fuerza de voluntad que van en busca de su propia identidad y a menudo eclipsan a los personajes masculinos. Aunque cambian de una película a otra, muestran una clara homogeneidad (a menudo reflejada en una apariencia física muy similar) y en general se puede decir que encarnan la fuerza vital creadora en el panteísmo de Miyazaki.
También resulta interesante (aunque poco original), comparar las películas de Miyazaki y las de Disney. Normalmente, las producciones Disney son musicales que incluyen aventuras, caricaturas, chistes más bien adolescentes y romances de cuento de hadas. Por el contrario, ninguna de las películas de Miyazaki es un musical, y sólo algunas se pueden considerar como películas de aventuras. Todas tienen momentos cómicos, pero también muchas partes que pueden resultar bastante "áridas" para los niños o quienes no busquen nada más allá de Disney, sobre todo teniendo en cuenta que suelen ser bastante más largas de lo normal en los dibujos animados. En general, Miyazaki da más importancia a la historia y consigue que el humor y el carácter de los personajes surjan de una forma más natural. Sus películas pueden ser algo lentas, pero transmiten perfectamente al espectador el estado de ánimo de los personajes; pueden tener un exceso de nostalgia y sentimentalismo, pero también son meditativas y notablemente inteligentes. El propio Miyazaki no parece tener muy buena opinión de las películas de Disney, desde el punto de vista de la historia. Un contraste particularmente claro es la ausencia de un "malo" en las películas del Studio Ghibli (con la excepción de Laputa), mientras que es muy difícil imaginar una producción Disney sin su villano.
Desde un punto de vista técnico, la calidad de las películas del Studio Ghibli es de lo mejor que se puede encontrar en la animación comercial y dirigida a audencias amplias. Sin alcanzar los niveles de las grandes producciones Disney, la relación calidad-precio es muy favorable a Ghibli. Por otra parte, los personajes de Ghibli tienen una apariencia más humana y se mueven de forma notablemente realista, permitiéndo una transición muy natural de unas escenas tranquilas a otras de acción vertiginosa. Mención aparte merecen las escenas de vuelo (todos los protagonistas de Miyazaki vuelan o aprenden a hacerlo), que están entre las más bellas en la historia del dibujo animado.