Andrei Tarkovski: Esculpir el tiempo |
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La dirección de una película no comienza en el momento en
que se comenta el guión con el dramaturgo, no comienza al empezar
el trabajo con los actores y tampoco en la primera reunión con el
compositor. La dirección de una película comienza cuando
surge la imagen de la película ante la visión interior de
aquella persona que hará la película y que recibe el
nombre de director. En ese momento no tiene importancia el que exista
ya una serie de episodios, incluso con sus detalles, o el que
sólo se dé una percepción de la hechura y del
ambiente emocional que la película reproducirá en la
pantalla. A alguien que haga una película sólo se le
puede llamar director si tiene su boceto con claridad dentro de
sí y si luego es capaz, trabajando con el equipo, de realizarlo
con exactitud y sin reduccionismo. Pero todo esto aún no supera
el marco de lo artesanal. No cabe duda de que ya en ello hay muchos
elementos sin los cuales no se puede realizar ningún trabajo
artístico, pero todo ello no basta para que podamos decir que un
director es un artista.
El artista comienza allí donde en su idea o en la propia película surge una estructura, propia e inconfundible, de las imágenes, un sistema de pensamiento propio en relación con el mundo real, sistema que el director deja luego expuesto al juicio del público, al que ha comunicado sus más profundos sueños. Sólo si presenta su propia visión de las cosas, sólo si es así y se convierte en una especie de filósofo, el director es realmente un artista y la cinematografía un arte. Pero filósofo lo es tan sólo en un sentido muy limitado. Es hora de recordar la frase de Paul Valéry: "¡Poetas-filósofos! Es como si se confundiera un poeta de marinas con un capitán de barco". |